Consejos

Regalos de empresa personalizados: por qué poner tu logo ya no es suficiente

Obsequio y Detalles - Regalos de empresa personalizados: por qué poner tu logo ya no es suficiente

Durante años, personalizar un regalo corporativo significaba algo bastante sencillo: elegir un producto, colocar el logotipo de la empresa en una zona visible y producir unas cuantas unidades. Cuanto más reconocible fuera la marca, mejor parecía haberse cumplido el objetivo.

Ese planteamiento está cambiando.

Las empresas cuidan cada vez más su identidad visual y los destinatarios están mucho más acostumbrados a recibir merchandising. Como consecuencia, los regalos empresa personalizados necesitan algo más que un logotipo para resultar atractivos. El producto tiene que parecer coherente con la marca, pero también suficientemente atractivo como para que alguien quiera incorporarlo a su vida.

La diferencia entre ambas cosas es enorme. Una consiste en imprimir una marca sobre un objeto. La otra consiste en conseguir que ese objeto parezca formar parte de la marca.

Personalizar y poner un logotipo no son exactamente lo mismo

Imaginemos una botella negra sobre la que imprimimos el logotipo de una empresa. Técnicamente, tenemos un producto personalizado.

Ahora imaginemos que elegimos el modelo teniendo en cuenta el estilo de esa compañía, seleccionamos un color relacionado con su identidad visual, utilizamos una técnica de marcaje discreta, cuidamos el packaging y pensamos incluso en el momento en el que se entregará.

El producto puede seguir siendo una botella. Sin embargo, la percepción cambia por completo.

Ahí aparece una idea que resulta fundamental en el merchandising actual: la personalización no debería limitarse a identificar quién entrega el regalo. También debería conseguir que el producto tenga sentido dentro del universo de esa marca.

Cuando el logotipo es demasiado protagonista, el producto puede perder valor

Parece lógico pensar que cuanto más grande sea un logotipo, mayor visibilidad conseguirá la empresa. Sin embargo, cuando hablamos de productos que esperamos que alguien utilice voluntariamente, esa lógica no siempre funciona.

Las personas no quieren sentirse como soportes publicitarios.

Una mochila puede gustarnos por su diseño, pero quizá dejemos de utilizarla si incorpora un enorme mensaje comercial. Lo mismo puede ocurrir con una botella, una sudadera o una bolsa.

La visibilidad potencial aumenta con un marcaje grande, pero la visibilidad real desaparece si el producto termina guardado.

Por eso muchas marcas están optando por personalizaciones más discretas. Un grabado elegante, un pequeño símbolo o una ubicación inesperada pueden resultar mucho más efectivos que ocupar toda la superficie disponible.

La pregunta no debería ser cuánto podemos imprimir, sino cuánto necesitamos imprimir.

La identidad de marca también se construye con materiales

Hay productos que transmiten una sensación determinada incluso antes de ver el logotipo.

El peso de un bolígrafo, el tacto de un tejido, el acabado de una botella o la textura de una libreta generan inmediatamente una percepción de calidad.

Eso significa que los materiales también forman parte de la personalización.

Una empresa relacionada con tecnología puede buscar acabados limpios y contemporáneos. Una compañía que trabaja la sostenibilidad necesitará productos coherentes con ese posicionamiento. Una firma que quiere transmitir exclusividad deberá prestar especial atención a la calidad percibida y a los pequeños acabados.

Elegir un producto que contradiga la personalidad de la empresa y añadir después su logotipo difícilmente conseguirá solucionar esa incoherencia.

El color puede hacer más por tu marca que repetir su nombre

Reconocemos muchas marcas sin necesidad de leer su nombre. En ocasiones basta con ver un determinado color o una combinación cromática para saber inmediatamente de quién se trata.

Ese aprendizaje puede trasladarse perfectamente a los regalos corporativos.

Personalizar no significa necesariamente imprimir todos los elementos de la identidad visual. A veces resulta mucho más elegante trabajar con un color corporativo, una combinación de tonos reconocible o un detalle gráfico sutil.

El resultado es especialmente interesante cuando queremos que el artículo conserve una estética atractiva por sí mismo.

La marca sigue estando presente, pero no necesita gritar para ser reconocida.

Un buen regalo personalizado debería parecer diseñado para esa empresa

Probablemente este sea uno de los mejores criterios para valorar el resultado.

Si eliminásemos el logotipo, ¿seguiría pareciendo un producto coherente con nuestra marca?

Cuando la respuesta es sí, hemos dado un paso importante.

Significa que el color, el diseño, los materiales y la presentación trabajan en la misma dirección. El logotipo deja entonces de cargar con toda la responsabilidad de identificar a la empresa y se convierte simplemente en el último elemento del conjunto.

Los regalos empresa personalizados que consiguen este efecto tienen además otra ventaja: suelen percibirse como productos mucho más exclusivos, aunque el artículo de partida pertenezca a un catálogo disponible para muchas compañías.

El packaging puede terminar de construir la historia

La personalización tampoco tiene por qué terminar en el producto.

Una caja, una faja de papel, una tarjeta o incluso la forma en la que se organizan varios artículos pueden transformar completamente la experiencia.

Esto resulta especialmente importante cuando se crean kits para empleados, regalos para clientes importantes o detalles destinados a un evento concreto. En estos casos, el conjunto tiene la oportunidad de contar una pequeña historia antes incluso de que el destinatario empiece a utilizar los productos.

Además, el packaging permite incorporar elementos de marca sin necesidad de sobrecargar cada artículo individualmente.

El resultado puede ser mucho más limpio y sofisticado.

La técnica de marcaje cambia completamente el resultado

Tampoco todos los logotipos producen la misma sensación sobre un producto.

Un grabado láser transmite algo diferente a una impresión a todo color. Un bordado tiene una presencia distinta a una serigrafía y determinados productos permiten incluso integrar el diseño de maneras mucho menos convencionales.

La técnica debería elegirse teniendo en cuenta tanto el material como el resultado que queremos conseguir.

No se trata únicamente de reproducir correctamente un logotipo. Se trata de conseguir que la personalización parezca pertenecer al producto desde el principio.

Cuando marcaje y artículo funcionan como una sola pieza, aumenta considerablemente la calidad percibida.

La personalización más avanzada empieza por eliminar cosas

Hay una tendencia interesante detrás de muchas identidades visuales actuales: simplificar.

Menos elementos, mejor elegidos.

Ese mismo principio puede aplicarse al merchandising.

No siempre necesitamos incluir el logotipo, el nombre completo de la empresa, la web, un eslogan y los colores corporativos sobre el mismo artículo. Cuanta más información añadimos, mayor es el riesgo de que el producto termine pareciendo publicidad.

En cambio, seleccionar uno o dos elementos reconocibles puede conseguir un resultado mucho más atractivo.

Personalizar bien también significa saber cuándo parar.

De producto promocional a producto de marca

Existe una prueba sencilla que puede ayudarnos a valorar cualquier propuesta: preguntarnos si ese artículo podría venderse.

No significa que vayamos a comercializarlo. La cuestión es imaginar si alguien lo elegiría voluntariamente por su diseño, calidad y utilidad aunque no fuera gratuito.

Si la respuesta es afirmativa, probablemente estamos ante un buen producto corporativo.

Ese debería ser el objetivo de los regalos empresa personalizados actuales. Conseguir que el destinatario no piense simplemente «me han dado merchandising», sino «me gusta esto y quiero utilizarlo».

En Obsequio y Detalles trabajamos con diferentes productos, materiales y técnicas de marcaje para adaptar cada proyecto a la identidad de la empresa. Porque personalizar no consiste en encontrar un lugar donde quepa un logotipo. Consiste en conseguir que producto y marca parezcan haber sido pensados juntos desde el principio.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *